Seiguma llegó a Lima en los años 20, trayendo consigo a la estatua de Manco Capac, obsequio del impero del Japón al gobierno peruano por cumplir el Primer Centenario de la Independencia del reino de España, segurísimos que el primer emperador Inca, era de origen japonés.
Seiguma tenía la misión de
ubicar, declarar y empezar un lucrativo negocio de explotación minera en el
Perú. Su objetivo era producir acero y abastecer de metales a la naciente industria
nipona, que empezaba a fabricar aviones de la familia Mitsubishi, Autos
militares de los shogunes Toyota, barcos y naves de los Subaru, familias que,
junto al emperador, controlaban totalmente la isla del sol naciente, y se
expandían por todo Asia, dominando a la China continental y todo el sudeste
asiático, desde Corea hasta Vietnam, pasando por Singapur y Malasia.
Convencido de que era el primer
auto creado y posiblemente fabricado enteramente en Sudamérica, y nada menos
que en el Perú, la entrada a este basto continente era imposible, por lo que su
misión culminaba en un rotundo fracasado, sin saber –para su mal- que en el
Perú, las familias poderosas solo explotan minas con cholos dentro, y que viven
de panza en el Club Nacional, fideicomizando sus predios, porque ni quiera suben
a la sierra a ver sus propiedades; y si tienen fabricas exitosas, las venden a
muy buen precio, para dedicarse a la actividad más lucrativa para ellos, como:
“hacer ¡nada!”.
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